El Trabajo Social en Tanatorios. Nueva perspectiva para el empleo.

El Trabajo Social ha sido hasta ahora una disciplina escasamente desarrollada en el sector funerario, y en particular en tanatorios. Sin embargo, paradójicamente, el perfil profesional del trabajador social, sus habilidades sociales  y comunitarias, su capacidad empática y mediadora y su carácter generador de recursos, lo convierten en uno de los profesionales más  adecuados para realizar todas las funciones que son necesarias desarrollar con las familias en este tipo de centros.

No obstante, y por extraño que parezca, es un ámbito de aplicación poco conocido. No sólo entre la ciudadanía en general y las empresas funerarias, sino incluso entre los propios trabajadores sociales.

La mayor parte de los profesionales entienden que su labor únicamente se debe centrar en el apoyo al duelo, ¡nada más lejos de la realidad!, reflexionemos acerca de lo siguiente: además del duelo, ¿qué consecuencias trae consigo la pérdida de un ser querido?, y si esta persona además formaba parte del núcleo familiar, ¿cómo se afronta la pérdida?

En primer lugar, la pérdida supone una adaptación a la nueva situación, una nueva asunción de los roles desempeñados por la persona difunta… ¿Quién se ocupará ahora de la gestión económica del  hogar?, ¿…y de la declaración de la renta?, ¿…y de los seguros?, ¿…y del colegio de los niños?, ¿…y del cuidado de los menores si los hubiera?, ¿…y de arreglar los pequeños desperfectos en el hogar?, ¿…y de organizar la casa?, …son roles que aunque aparentemente básicos, necesariamente tiene que desempeñar alguno de los miembros de la familia y que tienen que ser asumidos por el otro en caso de su fallecimiento… Asunción de roles o intercambio de los mismos, como es el caso de los hijos que tienen que hacerse cargo de sus padres porque éstos sufren una enfermedad degenerativa (duelo anticipado)… Nos enfrentamos a una reestructuración de las vidas probablemente en el momento en el que menos deseo hay de hacerlo.

A esto se une la paulatina individualización a la que la sociedad está tendiendo y la pérdida de apoyos familiares, que hacen necesaria una intervención profesional.

Son muchos los autores que coinciden en la necesidad de formar en materia de duelo a los y las profesionales de las disciplinas que están más en contacto con la atención primaria de las personas, no sólo trabajadores y trabajadoras sociales sino también bomberos, policías, profesionales de la medicina de familia…

En segundo lugar y sin querer frivolizar con la muerte, hemos de tener en cuenta que ésta, en la mayoría de las ocasiones, va a provocar también un desajuste económico, colocando a las familias en una situación de vulnerabilidad que hay que resolver, y para lo cual es necesario también disponer de los conocimientos adecuados en cuanto a recursos existentes.

Y, por último, y como consecuencia también de los cambios sociales que ha traído consigo la globalización, pensemos en los conflictos que se pueden generar en los entornos funerarios debido a los choques culturales y a la conveniencia de disponer de unas nociones básicas para su resolución.

En definitiva, la muerte supone un desajuste emocional, social, familiar y económico que provoca diferentes reacciones en las personas y que trae consigo multitud de necesidades a las que tenemos que dar respuesta: necesidades emocionales, necesidades económicas, necesidades organizativas, necesidades estructurales… necesidades que necesitan de una capacitación profesional al menos elemental para su abordaje y que, por supuesto, pueden y deben ser abordadas desde el Trabajo Social.